Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
Es un edificio de pequeñas proporciones, construido en sillar de piedra arenisca bien trabajada, en cuyas piezas hay marcas de cantero.Consta de una nave única cubierta con una bóveda de cañón apuntado y un ábside semicircular al interior y heptagonal al exterior cubierto con bóveda de horno también apuntada. Presenta una capilla abierta en el lado de la Epístola y dos capillas más una hornacina en el del Evangelio, todas ellas cubiertas con medio cañón. Una imposta recorre todo el perímetro interior del templo, en el encuentro de la bóveda y el muro.El templo tiene su ingreso en el lado sur. Se trata de una portada abocinada, de arco de medio punto, con tres arquivoltas que apoyan en sus respectivos capiteles y columnas sencillas (muy similares a las del ábside), excepto la central, que lo hace en capitel liso sin columna. Al exterior, destaca también el ábside poligonal, de cinco lados, a cuyos ángulos se adosan finas columnas con capiteles trapezoidales y basas dóricas apoyadas sobre plintos. Una hilera de ménsulas sencillas, unas originales y otras colocadas a finales del siglo XIX, sostienen el alero de piedra alrededor de todo el edificio. En el muro de los pies existe en alto una ventana adornada con un arco carpanel sobre el que hay una inscripción. Un arco similar se abre en el muro sur de la sacristía. De época posterior es la espadaña, con dos vanos de campanas, que se alza sobre la portada. A los pies y en el lado norte se encuentra la torre, fruto de la ampliación de 1884. Inacabada, es de planta cuadrangular y consta de dos cuerpos, el más bajo de los cuales alberga actualmente la sacristía.La única pieza antigua que la iglesia conserva en su interior es la pila bautismal (1,04 m de altura x 1,10 m de diámetro), que carece de basa y sigue un modelo muy repetido en el siglo XVII, decorada con gallones y una cenefa de tacos bajo el borde.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002